Aprender a Pensar

Bitácora de clase

APRENDER A PENSAR CRÍTICAMENTE 2011

GLOSARIO

” noli obsecro istum disturbare” 

Arquímedes

«No borréis esto, por favor».

La palabra crítica, en su origen griego, significa discernir y distinguir, es decir, separar unas cosas de otras e interpretarlas adecuadamente. Por ello la capacidad crítica, y lo que se persigue con la competencia de “aprender a pensar”, llevaría implícitas las siguientes capacidades:

  • Mantener a lo largo de la vida una actitud de curiosidad y espíritu crítico: preguntar por qué. El hábito de no dar nada por sentado, cuestionar lo establecido como indiscutible y seguir interesándose por el por qué de las cosas es lo que fundamenta la comparación clásica entre la infancia y la filosofía. “Pensar” significa mantener viva esa actitud de curiosidad y duda ante lo evidente, reorganizar los datos de los que se dispone y saber mirar los hechos desde nuevas perspectivas.
  • Atreverse a saber: sapere aude. La actitud crítica presupone “atreverse a saber”, aun cuando el pensamiento autónomo y el conocimiento al que se puede llegar a acceder no resulten cómodos. Pensar, en este sentido, no es “saber”, sino la condición previa de todo conocimiento, la liberación del pre-juicio que impide conocer lo que las cosas son realmente, y la liberación del “miedo de saber” y del “miedo a la libertad”.
  • Dialogar (pensar con) y argumentar (defender con razones). El pensamiento sin su comunicación no puede llamarse propiamente pensamiento. Es necesario un “otro” enfrente con el que confrontar el pensamiento para asegurarnos de que nuestra brillante teoría no es un delirio. Así, pensar es también saber crear el medio adecuado para el diálogo, y saber defender con razones las opiniones, lo que presupone habilidades de razonamiento lógico, análisis y síntesis.
  • Adquirir habilidades éticas y reflexivas: dirigir la inteligencia instrumental. Pensar consiste, por un lado, en poner los medios para obtener determinados fines; pero lo que aquí nos interesa, por tratarse del proceso educativo, es elegir los fines. Pensar sería, en este caso, saber elegir los fines adecuados de acuerdo con las condiciones reales y los objetivos de la persona, teniendo en cuenta la situación objetiva pero sin ser absolutamente determinados por ella. Una inteligencia meramente instrumental y estratégica no se distingue en nada de la de una máquina; la persona incluye en sus actuaciones los fines hacia los que éstas se dirigen, previamente establecidos por ella. Pensar significa elegir autónomamente esos fines, y “aprender a pensar” consiste en dotar a la persona de la capacidad de relacionar medios y fines, de elegir los fines y, a la vez, hacerse responsable de los fines elegidos.
  • Interpretar. “Pensar: Referido a una idea, examinarla cuidadosamente para formar un juicio o reflexionar sobre ella”. “Formar un juicio”, en este contexto, significa interpretar. El sentido de los hechos no está nunca contenido en ellos (de la misma manera que el significado de la metáfora no está nunca en las palabras que la componen), y conocer la realidad es siempre interpretarla. Pensar significa entonces interpretar la realidad con vistas a su comprensión, condición imprescindible para su transformación.
  • Reunir y relacionar los conocimientos aportados por los distintos saberes (interdisciplinariedad). Para llevar a cabo tal comprensión, se hace cada vez más necesario tener presentes los múltiples saberes que abordan los distintos aspectos de una realidad compleja. El desarrollo imparable de las ciencias han llevado a una creciente desconexión entre éstas, así como entre éstas y las humanidades. Pensar, hoy por hoy, significa ser capaz de conectar los conocimientos de unas y otras parcelas del saber, función que recayó durante mucho tiempo en la filosofía pero que hoy está vacante. La interpretación de los hechos desde la perspectiva global provista por la multiplicidad de perspectivas abre el camino al pensamiento heurístico.
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